La Filmoteca de Catalunya celebra desde el 6 de mayo hasta el 30 de junio el centenario del insigne director Orson Welles. Para ello han programado una amplia variedad de actividades, entre las que destacan la representación de la obra de teatro Feliç centenari, Mr Welles!, la proyección de toda su filmografía o el seminario ‘Orson Welles, un artista multidisciplinari’, con la asistencia de expertos y de la propia hija del director, Chris Welles Feder.

En el segundo día del seminario, queda claro que los mayores entusiastas de Welles son sus contemporáneos, que lentamente se aglutinan en la taquilla para hacerse con su entrada y rememorar el cine clásico de su juventud.

Dentro esperan el director de la Filmoteca, Esteve Riambiau, y Joseph McBride, encargado de la presentación de El Cuarto Mandamiento, primera de las dos películas que se proyectarán en la jornada. McBride es profesor de cine en San Francisco State University y autor de una veintena de libros dedicados a directores de cine, dos de ellos a la figura de Welles, su conciudadano de Wisconsin. Riambiau, que también desempeña el papel de traductor, es otro experto en el tema: él mismo ha escrito tres libros, co-escrito un documental y dirigido la susodicha obra de teatro sobre el cineasta norteamericano.

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McBride introduce con pasión  El Cuarto Mandamiento, película elegida expresamente por él para ser exhibida en el seminario. “No es sólo mi película preferida de Orson Welles, es mi película preferida en general”. El film se convirtió en un verdadero quebradero de cabeza para la productora habitual de Welles, RKO. Después de las enormes dificultades que tuvieron para llevar a las salas Ciudadano Kane(dificultades con el nombre y rostro de William R. Hearst), la productora se hizo con el control de la edición de El Cuarto Mandamiento, que no dudó en desvirtuar la idea original de Welles hasta quedar satisfecha. Con una base original mucho más dramática, la RKO cortó 45 minutos y cambió el final por otro más tradicional, que ni escribió ni dirigió Welles. Como prueba de la manipulación a la que fue sometida, McBride muestra el tráiler antes de la proyección de la película. Un tráiler que recuerda más a una rom-com que al drama social y familiar que es.

Ochenta y ocho minutos después los espectadores son testigos de lo que ya había advertido McBride: el final es precipitado y confuso, la interpretación de Agnes Moorehead sobresale por encima de la de los demás y, como solía pasar con Welles, el film iba adelantado a su época, ya que en el 42’ nadie hablaba todavía de polución.

Seguidamente, McBride comparte con los asistentes una serie de reconstrucciones que su equipo y él han montado de escenas mal adaptadas (o directamente no adaptadas) del guion original de Welles. De esta forma -alargando e introduciendo nuevos fotogramas y usando a actores de doblaje amateurs para recitar los diálogos-, McBride rinde homenaje al gran film que, bajo su punto de vista, podría haber sido El Cuarto Mandamiento.

Por eso mismo, a la pregunta de por qué es su película favorita si fue mutilada, destrozada y arruinada, McBride responde “porque fue mutilada, destrozada y arruinada”.

En el rato que falta para el pase de La Dama de Shanghái dos de los pocos jóvenes que asisten aprovechan para hacerse una foto con el actor Keith Baxter, participante en otro acto de la jornada. La sala del cine se llena. Sin duda, la presencia de Chris Welles Feder despierta la curiosidad del público. Es inevitable pensar que las bolsas que luce debajo de los ojos son heredadas directamente de su padre. Con una dulce voz, Welles Feder cuenta una anécdota de su infancia: con ocho años fue a visitar a su padre al set de La Dama de Shanghái. Su madrastra entonces, Rita Hayworth, se había cortado la larga melena pelirroja y la había teñido de platino. “Casi no la reconozco”, declara. También comparte con los asistentes la pena que sintió cuando, después de insistir e insistir a su padre para que le diera un papel en la película, lo único que pudo conseguir fue aparecer como extra en un plano en el que ni siquiera se la ve. “Y ahora os dejo con François Thomas, que os contará algo verdaderamente interesante de la película”.

la dama de shanghaiLa Dama de Shanghái corrió prácticamente la misma suerte que El Cuarto Mandamiento. “El guion era diferente a lo grabado, y lo grabado era diferente a lo editado”. Explica Thomas, escritor y profesor de estudios cinematográficos de la Universidad de París, en un marcado acento francés. El presidente de Columbia hizo lo que quiso con el film: impuso la grabación en San Francisco y en interiores cuando Welles prefería las localizaciones reales. También pidió volver a grabas numerosas escenas. Welles no tuvo otro remedio que aceptar, pero consiguió dejar su sello personal, reajustando las actuaciones de los intérpretes para transmitir lo que él quería. En España la película pasó la censura sorprendentemente. Eso sí, cambiando la referencia al espía franquista en el bando republicano por ‘un espía de Trípoli’.

Pero antes de la proyección de La Dama de Shanghái Riambiau comunica una mala noticia: el DCP de la película está en mal estado y la única alternativa es proyectarla en DVD. Un joven lanza una apesadumbrada queja. Al hombre que ronca tres filas más atrás no parece que le importe demasiado. Prácticamente en el desenlace la proyección vuelve a fallar, prolongando en el tiempo la maldición en la que parece que estén sumidas estas dos películas.

Original 25-06-2015

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