larSeguro que más de una vez has tenido un sueño del que no querrías haber despertado. A veces puedes cerrar los ojos y recordarlo perfectamente, y las emociones que has sentido en él se te quedan a lo largo del día. Se te queda dentro como un precioso recuerdo.

Cuando terminas de ver La La Land es como si despertaras de uno de esos sueños. Un sueño en el que lo has sentido todo: te has enamorado bailando en las estrellas, has fracasado cien veces pero te has levantado cien veces más, has conseguido lo que más deseabas pero has perdido lo que más amabas… todo mientras de fondo suenan unas notas que parecen estar científicamente elegidas para hacerte sentir nostalgia pero también esperanza, tristeza pero también la mayor felicidad.

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No es de extrañar que La La Land haya batido récords en los Globos de Oro, llevándose los 7 premios de las 7 categorías en las que competía: ¿qué artista de Hollywood no se habrá sentido identificado con esta película? A lo largo de los años hemos escuchado miles de historias sobre los trabajos cutres que tuvieron que aceptar aspirantes a actores que ahora son estrellas, audiciones horribles por las que muchas actrices tuvieron que pasar o decisiones drásticas que tuvieron que tomar para triunfar en el mundillo. Pero claro está, sólo sabemos lo que quieren que sepamos. ¿Cuántas veces se sintieron humillados cuando algún pez gordo los trató sin respeto? ¿Cuántos sacrificios tuvieron que hacer para conseguir un papel? Puede ser que ahora entendamos mejor porqué el amor dura tan poco en el gremio.

Llalaland-gif2a que sí que sabe mucho sobre decisiones drásticas y sacrificios es Emma Stone. Ella es Mia, la barista aspirante a actriz que trabaja en los estudios de una productora y tiene que ver cómo otras consiguen el sueño que a ella se le escapa. Como muchos de sus fans sabrán, a los 14 años Emma convenció a sus padres a través de una presentación de Power Point de que tenía que mudarse a Los Ángeles desde su Arizona natal para convertirse en actriz. Cuando lo normal en estas ocasiones hubiera sido decirle “cuando seas más mayor” o “tienes que acabar tus estudios primero” en su lugar su madre y ella hicieron las maletas y hacia Los
Ángeles que fueron. Tal y como contaría Emma, su madre perdió a su padre siendo muy joven y desde entonces adoptó una mentalidad de ‘haz lo que te haga feliz en ese mismo instante, no esperes porque puede no haber un mañana’. El hecho de que su madre se fuera con ella a Los Ángeles significó que su hermano tuviera que quedarse con su padre mientras aún estaba en el instituto; es por esto que cuando ganó el Globo de Oro por La La Land se llevó a su hermano y le agradeció el sacrificio.

Parece que hay mucho de Emma en Mia y claramente la actriz brilla como nunca en la gran pantalla. Esos ojos, tan grandes y claros que parecen dos pedacitos de cielo, transmiten de tal forma que no le haría falta decir nada. De la misma manera, la expresividad facial y corporal de Emma demuestran que nunca le ha importado la perfección ni la apariencia impecable; es la naturalidad en persona y su público no lo podría agradecer más. Esa espontaneidad se extiende a todos los ámbitos, incluyendo una parte fundamental de la película: el baile.

La coreógrafa de La La Land, Mandy Moore (no confundir con la actriz), alentó a la pareja protagonista a darle prioridad a la emoción en lugar de la precisión. Es por eso que los números de baile distan mucho de la perfectas coreografías que podemos ver en las películas de Gene Kelly, aunque la sensación que transmiten es muy diferente. En Cantando bajo la lluvia los personajes parecen bailarines profesionales y las horas de ensayo tras el espectáculo que estamos viendo prácticamente se pueden palpar. En La La Land también se agradece el esfuerzo, pero lo que vemos es a un chico y una chica que se enamoran y que la mejor manera que encuentran para transmitir sus sentimientos es bailando.

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Damien Chazelle, director de La La Land, contactó con Emma por primera vez tras haberla visto en Broadway con Cabaret, musical en el que interpretó a la protagonista, Sally Bowles. Aunque esa no era la primera vez que Emma demostraba su talento musical para la película sí que tuvo que aprender claqué desde el principio. La otra mitad de La La Land también tuvo que hacerlo. Ryan Gosling estaba familiarizado desde pequeño con el baile, pero el claqué no formaba parte de sus habilidades. Aunque sin duda, el gran reto de Ryan fue aprender a tocar el piano para intepretar a Sebastian, un jazzista cuyo sueño es montar su propio local. ¿Hubiera sido más fácil utilizar a un doble? Sí, pero Chazelle siempre había tenido la visión de rodar las escenas con planos secuencia en la medida de lo posible, y Ryan no iba a ser la persona que acabara con sus sueños.

Previamente a La La Land el actor canadiense puede presumir de ser co-autor del que probablemente sea el álbum definitivo para escuchar en Halloween; Dead Man’s Bones. Su grupo homónimo, fue formado en 2007 junto a su amigo Zach Shields y como si del Dogma 95 se tratara se impusieron algunas reglas para su proceso creativo, como tocar ellos mismos todos los instrumentos o no repetir la grabación de sus temas más de 3 veces, celebrando así las imperfecciones. Ryan, que ha ido cosechando legiones de fans a lo largo de su carrera, también ha enseñado en películas como Blue Valentine lo bien que se le da la música. Tras haber estado nominado 4 veces a los Globos de Oro (en 2012 hizo doblete con Crazy, Stupid, Love y Los Idus de Marzo) la 5ª ha sido la vencida gracias a La La Land. 

Siendo esta su tercera colaboración juntos (Crazy, Stupid, Love y Gangster Squad) no es de extrañar que Ryan y Emma sean una de las parejas con más química del séptimo arte. Si Emma es todo expresión, Ryan realiza un ejercicio de contención y transmite a través de su mirada; una mirada nostálgica y enamorada, una mirada que podemos recordar por El Diario de Noa, Blue Valentine o Drive. Aunque no fueron los primeros candidatos para interpretar a Mia y Sebastian sin duda ha sido la elección acertada, según Damien Chazelle, porque ‘son lo más parecido a una pareja del cine clásico que tenemos en la actualidad’. Si tenemos en cuenta que no veíamos algo parecido en el cine desde el final de The Artist, menos aún hemos visto algo parecido en un contexto actual, convirtiendo a los dos actores en los Fred Astaire y Ginger Rogers del siglo XXI.

La La Land es una oda de amor a los soñadores, a los que persiguen sus sueños hasta el final y no se dejan abatir por el conformismo. El punto culminante de este mensaje llega con la canción ‘The fools who dream’, que canta Mia sin saber que ese momento lo cambiará todo.

Pero todos los temas musicales de la película son dignos de mención. La La Land empieza directamente con ‘Another day of sun’, un impresionante plano secuencia ambientado en un atasco de una carretera de Los Ángeles y cuyos protagonistas son todos aquellos locos románticos y optimistas que no cesan en luchar por lo que quieren. En la cola Mia y Sebastian la primera vez que sus destinos se cruzan. Igual de extasiante es el principio como el final de la película; el ‘Epilogue’ (el cuál es prácticamente imposible de terminar de ver sin sollozar), es la máxima expresión de la magia del musical. Tomando referencias a musicales clásicos, destacando su ambientación, somos testigos del más agridulce de los finales. Mientras, el vestuario, el baile, la música… todo parece sacado de la ensoñación más bella que se puede imaginar.

Entre medias escuchamos himnos al amor y a la ciudad de Los Ángeles, piezas clásicas que recuerdan al baile de La Bella Durmiente o supuesto jazz que intenta reinventar su género, de la misma manera que La La Land intenta reinventar el suyo. ¿Los responsables de deleitar nuestros oídos? Justin Hurwitz, íntimo amigo universitario de Damien Chazelle con quien ya colaboró en Whiplash, y el dúo de compositores Benj Pasek y Justin Paul, cuyo musical en Broadway Dear Evan Hansen está obteniendo excelentes críticas.

La La Land no podría haber llegado en mejor momento con estos tiempos que corren. Y es que para los amantes de los musicales La La Land es todo lo que quisiéramos que fuera la vida: esperanzadora, mágica, romántica, con vestidos vaporosos que se mueven al ritmo de la música que sale de la nada, perfectos bailes improvisados y sueños que se hacen realidad pese a las circunstancias. La La Land se te queda dentro como un precioso recuerdo.

Here’s to the fools who dream.

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